Zoë Kravitz, conocida por interpretar a Catwoman en The Batman, debutó a lo grande como guionista y directora con Blink Twice, un thriller psicológico protagonizado por Naomi Ackie y Channing Tatum, con elementos de comedia negra y ecos de Promising Young Woman, de Emerald Fennell, y Revenge, de Coralie Fargeat.
La película sigue al magnate Slater King (Tatum), quien, después de una ola de críticas y cancelaciones por conductas inapropiadas, conoce a una camarera (Ackie) durante una gala de recaudación de fondos y la invita junto a un grupo de desconocidos a su isla privada. Allí todo parece perfecto: lujo, fiestas, alcohol, drogas y diversión sin límites. Hasta que algo comienza a cambiar.
Lo que inicialmente parece un viaje de placer y excesos se transforma en una pesadilla para la protagonista y el resto de las mujeres atrapadas en la isla. Entre ellas se destacan Naomi Ackie y Adria Arjona, quienes construyen una poderosa dupla de supervivencia y sostienen algunos de los momentos más intensos de la película.
La isla funciona como una alegoría de los magnates que poseen paraísos privados, espacios aislados donde el poder y el dinero pueden mantener oculto aquello que sucede puertas adentro. Un escenario que expone la relación entre privilegio, abuso de poder e impunidad.
Las decisiones audiovisuales de Zoë Kravitz son fundamentales para construir la atmósfera de la película. Las locaciones de Yucatán y Quintana Roo, México, junto con la ambientación, los encuadres y la fotografía, generan un contraste permanente entre el paraíso tropical y la sensación de peligro que comienza a apoderarse de la historia.
La banda sonora de Chanda Dancy acompaña el progresivo cambio de tono de la historia y contribuye a construir una atmósfera cada vez más perturbadora. La combinación de sonidos electrónicos y elementos de distintas tradiciones musicales refuerza la sensación de extrañeza y amenaza que atraviesa los acontecimientos.
Blink Twice se inscribe dentro del subgénero rape-revenge y utiliza el thriller psicológico y el terror para abordar la violencia contra las mujeres, el abuso de poder, la manipulación y la cultura de la impunidad. Es una película cruda, provocadora y perturbadora, que detrás de sus excesos construye un potente mensaje feminista y demuestra el prometedor debut de Zoë Kravitz como directora.


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