Crítica de The Lost Daughter: la deconstrucción de la maternidad

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Crítica de The Lost Daughter: la deconstrucción de la maternidad

Maggie Gyllenhaal (¡La novia!), debutó como directora con The Lost Daughter, adaptación de la novela homónima de Elena Ferrante, protagonizada por Olivia Colman, Jessie Buckley y Dakota Johnson, que explora y cuestiona los mandatos, deseos y contradicciones de la maternidad

El thriller psicológico sigue a Leda (Colman), una profesora universitaria que viaja sola de vacaciones a una isla de Grecia. Allí conoce a una familia ítalo-estadounidense y queda fascinada por Nina (Johnson), una joven madre completamente absorbida por las necesidades de su hija. Este encuentro despierta en Leda recuerdos de la infancia de sus dos hijas.

A través de saltos entre el presente y el pasado, la directora reconstruye la experiencia de una mujer que intentó conciliar la crianza con su carrera profesional y sus propios deseos, hasta sentir que la maternidad había comenzado a absorberla. Mientras su marido permanecía prácticamente al margen de las tareas domésticas y de cuidado, Leda cargaba con una responsabilidad que parecía no tener fin.

El agotamiento, la culpa y una necesidad cada vez más urgente de recuperar una vida propia la empujan hacia un límite que, durante años, apenas se atrevió recordar. En ese punto de inflexión, la película revela una decisión tan dolorosa como difícil de nombrar, cuyas consecuencias Leda todavía arrastra en el presente

El film no intenta justificar ni victimizar a Leda. Tampoco la presenta como una villana. Lo interesante es que se niega a juzgarla: ella puede amar a sus hijas y, al mismo tiempo, haber necesitado escapar de ellas. Puede sentir culpa por las desiciones que tomó en su pasado y, a la vez, reconocer que fue feliz lejos de su familia.

Esta contradicción convierte a The Lost Daughter en una película tan incómoda. La sociedad suele aceptar que las madres estén agotadas, frustradas o desbordadas, pero resulta mucho más difícil aceptar que puedan arrepentirse de la maternidad, necesitar distancia o priorizarse a sí mismas.

La interpretación de Olivia Colman es fundamental para transmitir esa contradicción. Su Leda puede resultar distante, egoísta e incluso incómoda, pero también profundamente humana. Jessie Buckley, como la versión joven del personaje, consigue mostrar el agotamiento, la frustración y el deseo de libertad que terminarán marcando su vida.

The Lost Daughter no ofrece respuestas sencillas ni busca decir que la maternidad sea una experiencia negativa. Hace algo mucho más interesante: cuestiona por qué seguimos esperando que todas las mujeres la vivan de la misma manera.

Es un drama psicológico incómodo, íntimo y profundamente feminista que se atreve a hablar de algo que todavía perturba a la sociedad: las madres también abandonan.

 
 

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