La novia, segunda película dirigida por Maggie Gyllenhaal después de La hija oscura, está protagonizada por Jessie Buckley y Christian Bale. La directora recupera uno de los personajes más emblemáticos del universo de Mary Shelley para convertirlo en el centro de una propuesta ambiciosa, irreverente y feminista.
Ambientada entre Chicago y Nueva York en 1936, la historia sigue a Ida, una mujer asesinada por la mafia que es revivida a pedido de Frankenstein, un hombre que lleva más de un siglo de existencia y que anhela tener una “novia”.
La criatura creada por Gyllenhaal piensa, siente y se enfrenta a su propia existencia, por lo que se diferencia por completo de La novia de Frankenstein, dirigida por James Whale en 1935. En aquella película, el personaje carece de identidad, historia y voz, y apenas aparece durante unos segundos hacia el final.
Pero Ida no es cualquier monstruo: es un monstruo mujer. Por eso, su experiencia no es la misma que la de Frank. Además del miedo y el rechazo que provoca aquello considerado diferente, debe enfrentarse a una violencia machista y patriarcal que la mata, la revive y vuelve a someterla.
Ambos componen una pareja de criminales que remite a Bonnie y Clyde o a Harley Quinn y el Joker, aunque la película escapa de una clasificación sencilla y transita por distintos géneros: monstruos, gánster, drama, romance y musical.
En ese recorrido, Gyllenhaal aborda temas como la violencia sexual, el consentimiento, la autonomía corporal y el poder femenino, utilizando la figura del monstruo para reflexionar sobre la experiencia de las mujeres y las formas en que sus cuerpos han sido históricamente controlados.
Sin embargo, me hubiese gustado un mayor desarrollo de la mafia y la policía, así como de un posible plan de venganza. También queda la sensación de que podría haberse profundizado más en el movimiento de mujeres que despierta Ida y en el lugar que finalmente ocupa dentro de esa sociedad.
Jessie Buckley y Christian Bale ofrecen interpretaciones memorables, aunque es Buckley quien realmente se destaca. La actriz construye una criatura compleja, vulnerable y desafiante, capaz de transmitir buena parte de la transformación que atraviesa el personaje.
La calidad de producción es excepcional: desde la impresionante fotografía hasta el deslumbrante diseño de producción de época y un vestuario con una marcada impronta punk inspirada en los años 30. La propuesta visual acompaña el carácter transgresor de una película que no teme mezclar estilos y romper expectativas.
La novia es una propuesta provocadora, arriesgada y alocada, pero también atravesada por un profundo mensaje sobre la experiencia femenina y las distintas formas de violencia y opresión que atraviesan cuerpos, sociedades y épocas. Una relectura de un personaje clásico que merece ser descubierta.


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