Crítica de La sustancia: el culto a la juventud y la belleza

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Crítica de La sustancia: el culto a la juventud y la belleza

¿Existe la fórmula de la eterna juventud? ¿Hasta dónde somos capaces de llegar para parecer más jóvenes? ¿Quién alimenta esa obsesión? Estos son algunos de los interrogantes que plantea Coralie Fargeat en La sustancia, su segunda película tras Revenge (2017), protagonizada por Demi Moore y Margaret Qualley, que se convirtió en una de las producciones más comentadas de los últimos años.

El thriller de ciencia ficción sigue a Elisabeth Sparkle (Moore), una celebridad de 50 años cuya carrera comienza a declinar y que decide someterse a un misterioso tratamiento capaz de crear una versión más joven, bella y perfecta de sí misma: Sue (Qualley). Aunque con serios efectos adversos.

La Sustancia es una experiencia de body horror sangrienta, impactante y repulsiva, con una clara influencia del cine de David Cronenberg. Fargeat lleva el horror corporal hasta límites extremos y construye un viaje que puede resultar difícil de procesar para los espectadores más sensibles.

La película también está atravesada por referencias y homenajes a grandes clásicos del cine, entre ellos El resplandor (1980), Psicosis (1960), Videodrome (1983), Re-Animator (1985), Carretera perdida (1997), 2001: Odisea del espacio (1968), Carrie (1976) y El hombre elefante (1980).

La propuesta audiovisual es uno de los grandes aciertos. La ambientación, la fotografía de Benjamin Kracun, el diseño de producción de Stanislaw Borkowski y los colores y encuadres construyen un universo artificial y excesivo que acompaña la transformación de sus protagonistas. La estética deliberadamente exagerada convierte el cuerpo en uno de los principales escenarios del horror.

La banda sonora compuesta por Raffertie también tiene un papel fundamental: su música electrónica interviene directamente en las escenas y aumenta progresivamente la tensión, convirtiéndose en otro elemento que anticipa y potencia los momentos más perturbadores.

La directora de Revenge vuelve a utilizar el género para cuestionar las imposiciones sobre el cuerpo femenino. Esta vez expone el culto a la juventud y la belleza, la obsesión por la apariencia y la autodestrucción, en una sociedad donde la cirugía estética, el bótox, el ácido hialurónico y otras prácticas para modificar el cuerpo están cada vez más naturalizadas.

La Sustancia es grotesca, monstruosa, excesiva y retorcida. Una película que utiliza el body horror para construir una crítica feroz sobre la belleza, el envejecimiento y la presión que existe sobre las mujeres para permanecer jóvenes. No es apta para espectadores impresionables.

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