Después de su debut como directora con Promising Young Woman (2020) y antes de Cumbres borrascosas (2026), Emerald Fennell presentó Saltburn (2023), un thriller protagonizado por Barry Keoghan, Jacob Elordi y Rosamund Pike, que volvió a consolidarla como una de las cineastas británicas más interesantes de su generación.
El thriller erótico sigue a Oliver Quick (Keoghan), un estudiante becado de la Universidad de Oxford que se obsesiona con su compañero aristócrata Felix Catton (Elordi), quien lo invita a pasar el verano en Saltburn, la extravagante mansión de su adinerada familia.
Una historia oscura y retorcida donde un amor no correspondido se transforma en obsesión, ambición, manipulación y traición, con escenas eróticas, incómodas y perturbadoras que llevan sus excesos hasta el límite.
Si bien el cine ya ha contado numerosas historias sobre outsiders que desafían a las clases privilegiadas, Saltburn lleva esta fórmula hacia un terreno mucho más perverso, utilizando el deseo y la fascinación por el poder para construir una historia tan provocadora como incómoda.
La fotografía de Linus Sandgren, la imponente locación y la estética de la película construyen un universo visual elegante que contrasta con la oscuridad de lo que ocurre dentro de la mansión. La música también tiene un papel fundamental, especialmente en su recordado final al ritmo de Murder on the Dancefloor, de Sophie Ellis-Bextor, que termina de encapsular el exceso y la ironía de la propuesta.
Barry Keoghan vuelve a demostrar su enorme talento después de The Banshees of Inisherin, componiendo un protagonista perturbador, impredecible y difícil de olvidar. Jacob Elordi, por su parte, encarna con naturalidad el encanto y el privilegio de Felix.
Saltburn es una película provocadora, perversa y excesiva que no busca agradar a todos los espectadores. Una propuesta incómoda que utiliza el deseo, el sexo, el poder y las diferencias de clase para llevar su historia hasta las últimas consecuencias.


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