El thriller psicológico sigue a Alice (Pugh), una ama de casa que vive junto a su esposo Jack (Styles) en una comunidad utópica creada por el millonario y visionario Frank (Pine), que está ambientada en la década de 1950 y está ubicada en el medio del desierto.

Cada mañana, Alice y el resto de las mujeres de la comunidad despiden a sus esposos, quienes trabajan para Frank en el misterioso “Proyecto Victoria”, sobre el que tienen prohibido preguntar. Mientras ellos trabajan, ellas pasan la tarde realizando tareas domésticas y de cuidado, sin descuidar su peinado ni maquillaje. Cuando llega la noche, los esperan con la cena lista y todavía con energía para tener sexo
Cada una de estas mujeres fueron convencidas de que su deber es acompañar a sus compañeros, pues ellos son “importantes” y “están cambiando al mundo”. Sin embargo, cuando una de las esposas advierte que nada es lo que parece, Alice comienza a sospechar de todo lo que la rodea, hace preguntas y busca respuestas, pero rápidamente es tildada de “loca”.
A partir de ese momento, Alice comienza a cuestionar la realidad que la rodea y la película cambia de tono, pasando de la aparente perfección de ese mundo a una creciente sensación de incomodidad y paranoia. Wilde construye así un thriller psicológico en el que la protagonista intenta descubrir qué se esconde detrás de esa vida ideal y por qué nadie parece dispuesto a escucharla
Sin embargo, Wilde no siempre logra terminar de pulir las problemáticas que plantea. La película denuncia el patriarcado, el control sobre los cuerpos y los roles de género, pero muchas de sus ideas terminan siendo demasiado obvias y el giro final explica de manera apresurada aquello que podría haber desarrollado con mayor profundidad.

La ambientación de la década de 1950 no es casualidad, pues el patriarcado quiere conservar a las mujeres en el rol de madres y amas de casa sumisas y contentas de esa época, no por nada algunos sectores sociales de Estados Unidos continúan sosteniendo el lema “Make America Great Again”, con el deseo de retroceder en el tiempo y detener la ampliación de los derechos humanos.
La fotografía de Matthew Libatique refuerza esa falsa sensación de perfección con una estética pulida, colores saturados, encuadres simétricos y una puesta en escena cuidadosamente diseñada. Los espacios amplios y luminosos contrastan con el encierro psicológico de Alice, mientras que la banda sonora de John Powell contribuye a construir una atmósfera cada vez más inquietante a medida que la protagonista comienza a cuestionar su realidad.
No te preocupes cariño invita a reflexionar sobre el control de los cuerpos de las mujeres, los estereotipos y roles de género y los mandatos sociales, por lo que seguramente te has preguntado: ¿Cuántas veces las mujeres han estado en la misma situación de Alice?


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