Crítica de Obsesión: el deseo de un varón

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Crítica de Obsesión: el deseo de un varón

Obsesión, escrita y dirigida por Curry Barker, catapultó a la fama al cineasta estadounidense, quien posteriormente fue elegido para dirigir el próximo reinicio de La masacre de Texas. Protagonizada por Michael Johnston e Inde Navarrette, la película combina humor negro, romance y terror en una propuesta tan retorcida como perturbadora.

El thriller sigue a Bear (Johnston), quien, desesperadamente enamorado de su amiga Nikki (Navarrette), compra un “Sauce de un Deseo” y pide que ella lo ame “más que a nada en este mundo”, desencadenando una historia aterradora y retorcida.

Lo que comienza como una comedia romántica deviene progresivamente en un thriller violento que, sin abandonar el humor negro, incrementa su intensidad. La película transita por el slasher, el gore y los jumpscares sin que ninguna de esas transformaciones se sienta forzada.

Desde su propio desarrollo narrativo, el film deja en claro que el villano es Bear, pero resulta imprescindible detenerse en aquello que desencadena el conflicto: el protagonista le arrebata a Nikki toda autonomía sobre su propio cuerpo y anula su consentimiento. No es Nikki quien decide estar con él; es el amarre que Bear le impone.

Obsesión funciona así como un espejo de las expectativas misóginas de muchos varones sobre las mujeres, donde se cruzan la manipulación, el control y la codependencia que atraviesan las relaciones tóxicas y violentas. Lo sobrenatural no hace más que llevar al extremo dinámicas que, en diferentes formas, existen en el mundo real.

Como producción independiente de bajo presupuesto, Obsesión aprovecha al máximo los espacios hogareños como escenario principal. Los efectos especiales son contundentes, mientras que la fotografía de tonos fríos y desaturados de Taylor Clemens y la banda sonora inquietante y desesperante de Rock Burwell contribuyen a construir una atmósfera cada vez más opresiva.

Las actuaciones cumplen, pero es Inde Navarrette quien se come la película. Su interpretación, extraordinariamente expresiva, se sostiene especialmente en una mirada y una sonrisa llevadas al extremo, que pueden remitir a Mia Goth en Pearl o a las perturbadoras sonrisas de Smile.

Obsesión es un thriller pesadillesco, perturbador y trágico, con una representación ambigua del consentimiento que convierte una premisa aparentemente absurda en una reflexión incómoda sobre el control y la violencia. Y deja, como una suerte de moraleja macabra, una vieja advertencia: cuidado con lo que deseas.

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