Tras su ópera prima, Blondi, Dolores Fonzi estrenó su segunda película, Belén, basada en el libro Somos Belén, de Ana Correa, y protagonizada por Camila Plaate, Laura Paredes y la propia Fonzi, para abordar el caso que motorizó la lucha por el aborto legal en Argentina.
El drama judicial reconstruye el caso real de Belén, nombre con el que se identificó a una joven de 24 años de Tucumán que, en el año 2014, ingresó a un hospital por un dolor abdominal sin saber que estaba embarazada. Tras sufrir un aborto espontáneo, fue injustamente acusada de haber provocado la interrupción del embarazo y pasó 881 días presa, hasta que una abogada y su equipo tomaron la causa para luchar por su libertad.
Esta historia de persecución, injusticia y desamparo forma parte de las tantas situaciones que atravesaban las mujeres antes de 2020, año en que se aprobó en Argentina la Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo (IVE), después de décadas de lucha.
Dolores Fonzi elige retratar uno de los casos que impulsaron la explosión de la Marea Verde para recordar que avanzar cuesta, pero retroceder puede ser mucho más fácil. Con Belén, la directora llama a defender los derechos conquistados y mantener presente la historia detrás de esas luchas.
Con ecos de Argentina, 1985, la película se construye desde la mirada de las abogadas: el impacto del caso en sus vidas, el señalamiento, las amenazas y el juicio. Pero Belén va más allá y se convierte en una obra profundamente política, que no deja afuera la presión, la potencia y la épica de los movimientos feministas, tanto en Argentina como en el mundo.
El drama judicial denuncia las irregularidades de la Justicia, la violencia institucional y mediática, y destaca la importancia de la sororidad y de la fuerza colectiva que emerge cuando las personas se organizan para transformar una realidad.
Se destacan las actuaciones, pero es Camila Plaate quien sostiene gran parte del peso emocional del relato. Su interpretación transmite con enorme sensibilidad la vulnerabilidad y el desconcierto de una joven atravesada por una situación que nunca debería haber vivido. Fonzi, por su parte, confirma una vez más su solidez como directora y su capacidad para abordar historias atravesadas por conflictos sociales y políticos.
El plano final se convierte en una de las imágenes más poderosas del relato: el reflejo que se dibuja en los ojos de la protagonista condensa, con una sutileza conmovedora, toda la carga emocional de la historia y permanece en la memoria mucho después de los créditos.
Belén es una película sanadora, conmovedora e inspiradora que recupera una historia fundamental para comprender la lucha por los derechos de las mujeres en Argentina. No llegó tarde: llegó en el momento justo para recordar de dónde partimos, retomar fuerzas y seguir adelante, porque seguirá siendo necesario.


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