Crítica de En el barro: mujeres presas de la sexualización

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Crítica de En el barro: mujeres presas de la sexualización

Tras el éxito de El Marginal, Sebastián Ortega y su equipo expandieron el universo de la serie con un spin-off de Netflix que traslada la acción al interior de una cárcel de mujeres.

En el barro sigue a seis mujeres privadas de la libertad —interpretadas por Ana Garibaldi, Valentina Zenere, Carolina Ramírez, Ana Rujas, Érika de Sautu Riestra y Camila Peralta— que llegan a La Quebrada, donde deberán enfrentarse a luchas de poder, pactos y traiciones en un mundo atravesado por las jerarquías entre las reclusas y las autoridades del penal.

La propuesta de trasladar el universo de El Marginal a una cárcel de mujeres era prometedora. Sin embargo, el principal problema de En el barro es que una historia centrada en mujeres fue pensada y ejecutada, en gran medida, desde una mirada androcentrista.

Los personajes femeninos —como los interpretados por Zenere, Tatu Glikman o María Becerra— aparecen constantemente hipersexualizados y muchas de sus tramas recurren a la prostitución, las relaciones sexuales con los guardias e incluso los abusos dentro del penal. En varias ocasiones, estas escenas parecen construidas más para satisfacer la mirada masculina que para desarrollar realmente a los personajes o profundizar en las problemáticas que atraviesan.

El spin-off presenta a varias reclusas con historias diversas e interesantes, pero no siempre consigue desarrollarlas con la profundidad necesaria. Sobresalen las actuaciones de intérpretes más experimentadas como Ana Garibaldi, Cecilia Rossetto, Juana Molina y Rita Cortese, mientras que el personaje interpretado por Valentina Zenere resulta más difícil de comprender debido a algunas de sus decisiones y a la forma en que está construido.

A pesar de su evidente inspiración en Orange Is the New Black y Vis a Vis, En el barro consigue conservar el vínculo con el universo de la serie original. Si bien los primeros episodios pueden resultar algo exagerados, la trama gana consistencia a medida que avanza y acierta al abordar problemáticas como la violencia de género, el abuso de autoridad, la maternidad en prisión, el tráfico de bebés y la corrupción.

En el barro es una serie violenta, cruda y entretenida, pero sus escenas sexuales terminan resultando más incómodas que las propias problemáticas que intenta abordar. Su mayor contradicción está justamente ahí: una historia que podría haber utilizado el universo carcelario femenino para explorar con mayor profundidad la violencia y las desigualdades termina recurriendo en exceso a la sexualización de sus protagonistas.

Aun así, es una propuesta que puede resultar atractiva para quienes disfrutaron de El Marginal y quieran volver a sumergirse en ese universo desde una nueva perspectiva.

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