Blonde, la película de Netflix basada en la novela de Joyce Carol Oates, imagina la vida de Marilyn Monroe desde una mirada profundamente ficcionalizada. Dirigida por Andrew Dominik y protagonizada por Ana de Armas, la película fue una de las producciones más comentadas de la plataforma, pero también recibió fuertes críticas por la manera en que representa a la actriz.
La película recorre algunos de los episodios más traumáticos de la vida de Marilyn Monroe: el abandono de su padre, los maltratos de su madre, los abusos sexuales, la explotación de la industria cinematográfica, sus relaciones violentas, las adicciones y su muerte. Sin embargo, en su intento por mostrar la violencia que sufrió, Blonde termina reproduciendo aquello que pretende denunciar: la sexualización de Marilyn.
Blonde vuelve a convertir a Marilyn Monroe en un objeto
Durante casi tres horas, Marilyn aparece desnuda, siendo golpeada, abusada y sometida sexualmente. La película incluso representa una escena en la que es obligada a practicarle sexo oral a John F. Kennedy, una decisión que lleva la explotación de su intimidad a un extremo difícil de justificar.
El problema no es mostrar la violencia que atravesó Marilyn, sino cómo se decide mostrarla. La cámara insiste sobre su cuerpo y convierte el sufrimiento en espectáculo, mientras su talento, sus decisiones profesionales y su capacidad como artista quedan relegados.
Y ahí está una de las mayores contradicciones de Blonde: una película que pretende denunciar la sexualización de Marilyn termina sexualizándola una vez más.



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