Análisis

«Monsters At Work» está hecha para nosotrxs, lxs millennials

En 2001 nos abrieron las puertas Monsters Incorporated; algunos años después, conocimos los orígenes de esos personajes que supieron instalarse en nuestro corazón así como también el trasfondo de la cruel compañía. Pero ¿Qué pasó luego de descubrir que la risa de un niño es, en realidad, mucho más efectiva que la tétrica estrategia de asustarlo? De eso trata exactamente una de mis joyitas favoritas y exclusivas de Disney Plus.

Monsters at Work es la continuación de Monsters Inc., una película que marcó la vida de millones en el mundo y que continúa instalada en nuestro día a día con un meme, un sticker, o por qué no un juguete.

Una obra que llegó a Disney Plus bastante tímida, como si se tratara de un corto más dentro del mundo de Pixar, pero que gracias a la curiosidad de muchos y del tan preciado boca a boca, hizo que adultos jóvenes como vos y como yo podamos reconectar con aquella infancia que a veces olvidamos.

El protagonista, Tylor Tuskmon, llega a Monsters Inc a una corta edad ilusionado con ser el próximo Sullivan. Sin embargo, se da cuenta que el juego cambió, que lo que estudió ya no sirve para vivir y que quizás deba comenzar de cero ¿A quién le suena familiar?

Con Mike y Sully a la cabeza, la experiencia en el empleo de sus sueños pinta aún mejor. Sin embargo, la torpeza de un primer día de trabajo opaca las buenas intenciones del recién graduado, quien fue contratado para tareas de mantenimiento que no quiere hacer.

Además de mantener el histrionismo de Mike, el compromiso de Sully y los personajes intactos tal cual los vimos aquella primera vez en pantalla, Monsters at Work también es una historia que nos hace recordar aquellos primeros pasos en la vida.

Es el equilibro perfecto entre el niño que no queremos olvidar y ese adulto poco sabio que en realidad somos. Es sin dudas un cachetazo a la realidad, un flashback constante te revuelve un poco el estómago si creciste con esta película.

No sé cuál será el perfume de Sully ni qué aroma caracterizará las instalaciones de esa empresa tan especial, pero para mí huelen a mi infancia. Desde el primer momento que le di play me sentí otra vez chiquita, todo mi alrededor se empezó a parecer a esa casa donde disfruté de este clásico una y otra vez, y hasta empezó a oler similar.

¿Lo más loco? Una vez más la dupla de Mike y Sullyvan me hicieron sentir protegida. Hace 20 años perdí el miedo a los monstruos gracias a ellos; hoy me ayudaron a entender que no importa que tan complicada se ponga la vida, es igual de dura para una bola verde, un gigante azul y peludo o una persona de carne y hueso, lo fundamental siempre será mantener la amistad, los valores, las buenas costumbres y sobre todo, el buen humor.

No digo que las nuevas generaciones no vayan a disfrutar de esta mini serie que tiene todos los condimentos de Pixar para ser un éxito. Solo estoy convencida que es mucho más especial para los más grandes. Algún día esos niñxs que hoy se van a divertir a lo largo de los diez capítulos crecerán y necesitarán tanto como nosotros las enseñanzas de Mike y Sully para la vida. Y nuestro mejor consejo será decirles que vuelvan a mirar Monsters at Work.

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Lic. En Periodismo, apasionada por contar buenas historias. Seguime en las redes.

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