Análisis

Escándalos, drogas, excesos y finales trágicos: la maldición de Glee continúa

Un episodio reavivó el mito que rodea a una de las series juveniles más exitosas de las últimas décadas.

La semana pasada trascendió la noticia de que Blake Jenner fue arrestado por manejar presuntamente bajo los efectos del alcohol, una noticia que posó nuevamente la mirada del espectáculo sobre el mundo Glee.

Este escándalo es solo uno más en la vida de Jenner, y quizás el de menor tenor de todas las tragedias que golpearon al elenco de una de las series más influyentes entre los jóvenes en las últimas décadas.

Melissa Benoist, también parte de Glee, estuvo en pareja con el actor que daba vida a Ryder Lynn e incluso se casaron. En 2019, tras divorciarse, ella reveló que fue víctima de violencia de género e incluso se definió como «una sobreviviente de la violencia doméstica».

Aunque en su extenso relato nunca lo nombró, las coincidencias con la relación que tuvieron dejaron en claro ante el mundo que su agresor era él. De esta manera, la maldición de Glee sumó dos nuevas víctimas a su lista.

El origen de este mito se vincula con una sumatoria de hechos que tuvieron como principales víctimas a los actores de la serie, iniciando en 2013 con la repentina muerte de Corey Montheit. El actor y músico arrastraba problemas con las drogas desde los 12 años, por lo que a lo largo de su vida pasó por varios tratamientos y rehabilitaciones, siendo en marzo de ese año la última a la que concurrió. El 13 de julio murió en un hotel de Vancouver al sufrir una sobredosis de heroína y alcohol.

Este episodio hizo que Lea Michele sea parte de la siniestra lista de afectados, ya que era la prometida de Corey. Pero el infierno para ella no terminó ahí, porque años después los escándalos siguieron.

Samantha Ware, quien daba vida a Jane Hayward en Glee, la acusó por racismo y microagresiones en 2020, permitiendo así que una infinidad de colegas se animaran a contar sus tristes experiencias con la protagonista de la serie.

Entre un hecho y el otro, el nombre de Mark Salling, quien daba vida a Puck, apareció reiteradas veces en los medios de comunicación del mundo. Y claro que por ninguna noticia feliz. En 2013, su exnovia lo acusó de violencia sexual, acoso y negligencia; años después fue detenido por tenencia de pornografía infantil, un hecho del que se declaró culpable; en 2018, mientras esperaba la sentencia por ese delito, se suicidó.  

En plena pandemia del coronavirus, cuando el mito de la maldición de Glee estaba más que instalado, un nuevo suceso golpeó a los fanáticos de la serie: la muerte de Naya Rivera. El 8 de julio de ese año, la actriz fue a pasar un día de descanso junto a su hijo en el lago Piru, en California, pero cayó de la canoa donde paseaba, se ahogó y murió. Su cuerpo fue encontrado cinco días después.

El caso de Glee no es único en el mundo: los Power Rangers, los Teletubbies & Batman también arrastran la mala fama de estar «malditas». Sin embargo, el show para niños fue el único que encontró una explicación para tantas tragedias y violentas situaciones.

“Todo el mundo sabía que el lugar de filmación estaba maldito”, reveló el actor Dave Thompson. El 14 de febrero de 1945 a tres kilómetros de allí encontraron un granjero de 74 años muerto: fue herido por un garfio y tenía desgarrado su pecho y dibujado en él una cruz de sangre.

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Lic. En Periodismo, apasionada por contar buenas historias. Seguime en las redes.

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